Los 10 pueblos más bonitos de Irlanda

12 Feb Category Europa

Siempre salvaje, siempre verde. Irlanda es una tierra de tipos duros, pizpiretas pelirrojas, cerveza a borbotones y leyendas. Pero, sobre todo, es un país rural, un lugar donde la gente es más feliz entre castillos en ruinas, bajo tejados empinados y sobre costas enfadadas. Y también conviviendo con los bosques y los queridos Leprechauns, esos duendecillos con tan mala leche como capacidad de enternecer. Buscándolos se llega a estos pueblos que, de paso, se acaban convirtiendo en el mejor ejemplo de lo que se puede encontrar en la Eire católica.

 


Los 10 pueblos más bonitos de Irlanda
Adare

Adare tiene la maravillosa capacidad de combinar un aspecto mitológico producto de su arquitectura popular y bonachona con algún monumentazo de índole católico. Así se explica que las encantadoras casas de campo que dan la bienvenida a este lugar rápidamente se vean a la sombra de los campanarios del Monasterio de la Trinidad o de la abadía franciscana, cuyas ruinas se encuentran hoy rodeadas de un famoso campo de golf. Y a lo lejos, saliendo de la bruma, los restos del castillo de Desmond para completar la película de la perfecta esencia irlandesa.

 


irlanda
Inistioge

Cierra los ojos e imagínate un prado atravesado por un río donde la clorofila y la piedra se llevan de maravilla. Ábrelos y contempla Inistioge. No hay tanta diferencia, ¿verdad? Pues a este pueblecito no solo le bastan con ser coqueto a rabiar, sino que encima ofrece distracciones en sus tiendas vintage 100% y en las ruinas de Woodstock, una vieja mansión abandonada con unos jardines con cierta importancia paisajística y rarezas botánicas.



pueblos
Kilkenny

Señoras y señores, niños y niñas… con todos ustedes: ¡la ciudad de mármol! Esto es Kilkenny, un espectacular pueblo que no llega a los 10.000 habitantes pero que tiene mucho de lo que presumir. Su famosa piedra obtenida de la Cantera Negra tiene un aspecto marmóreo que hace que sea difícil construir un edificio que quede mal. Todas las calles son un show, un parque temático, un conjunto inverosímil pero ciertos rincones como la catedral de Saint Canice y el impresionante castillo se llevan la matrícula de honor.

 


reino
Kenmare

Este pueblecito costero ha sabido sacar provecho de su situación. Su relación con el mar se simboliza con hileras de casitas de colores perpendiculares al mar. Unos arco iris divertidos que acaban zambulléndose en las olas. A eso hay que añadirle que este lugar siempre ha atraído a visitantes gracias a su privilegiada situación entre los anillos de Kerry y Beara, lo que se ha traducido en una industria consolidada en forma de tiendas con encanto, calesas y un mobiliario urbano casi más propio de Disneylandia.

 


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Kinsale

Al sur de la isla las olas son más amables e Irlanda se permite tener algún puerto deportivo donde hacer suyo el decálogo de la buena vida. En Kinsale se come como en casi ningún pueblo irlandés y encima se pasea de lujo entre los cómodos amarres y el casco histórico. Su corazón está pintado con los colorines de las tiendas del centro mientras que la iglesia de St. Multose, el fuerte de Carlos o el asilo de ancianos (Siglo XVII) contrarrestan la florescencia con piedra. Pero el cénit de su buen gusto es el castillo de Desmond, reconvertido a museo del vino, donde se cuentan la diferentes relaciones con el Continente y, sobre todo, en cómo llegaba a aquí esta bendecible (y hasta hostil) bebida.

 


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Dalkey

Este es el pueblo al que ir con los colegas ya que tres grandes armas convencen a cualquiera. La primera: los pubs, ya que a lo largo y ancho de este pueblo se encuentran algunos de los mejores bares irlandeses. La segunda: su castillo, uno de esos monumentos que no requieren de muchísima atención y se pueden disfrutar de resaca. Y la tercera: sus vistazas, tanto del mar como de Dublín, ya que este enclave costero fue una antiguo bastión defensivo de la capital.



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Enniskerry

Aquí las peleas entre protestantes y católicos tuvieron alguna consecuencia positiva. O por lo menos puso las pilas al vizconde de Powerscourt que se apresuró en el Siglo XIX a dejar claro que aquí son más romanos que el Papa y levantó una iglesia (cómo no, destinada a San Patricio) y una hacienda donde levantó un palacete y un jardín de estilo italiano. El punto culminante de este lugar es la naturaleza que lo circunvala y hasta desborda, con cascadas, bosques y senderos que hacen más valiosa si cabe la hospitalidad de los alojamientos de Enniskerry.

 


Los 10 pueblos más bonitos de Irlanda
Carlingford

Casi en la frontera con su Irlanda del Norte, Carlingford se levanta como uno de los mejores ejemplos de pueblo medieval, aunque a lo irlandés. Pese a estar bañado por el frío mar de Irlanda, aquí la que manda y estructura el tinglado es la calle Thosel. Recorrerla es cruzar algún que otro arco, pisar adoquín y saludar a alguna armadura de las tiendas de souvenirs. Pero también es un preámbulo para ver más y más fortalezas como el castillo del Rey Juan, el de Teaffe, la casa fortificada The Minty o las murallas, así como otros monumentos menos bélicos como el monasterio dominico o la iglesia de la Santísima Trinidad.

 


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Athlone

El centro de la isla está conquistado por esta monumental localidad a orillas del río Shannon. Athlone tiene la gracia de tenerlo todo, con su catedral, su ribera bonita y hasta su castillo recientemente rehabilitado, pero es que encima tiene mucho más de lo normal. Porque acercarse hasta aquí y no tomarse una pinta en el Sean’s Bar sería delito ya que se trata del pub más viejo del país. Y luego está también ese nuevo guiño artístico que es la galería Luan, que hace de Athlone el destino completo: para romanticones, para guiris de manual y guía de viajes, para cerveceros en busca de récords y hasta para amantes del arte.

 


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Malahide

Dublín es una ciudad que se puede permitir pueblos dormitorio como Malahide. Aquí no hay casas de protección oficial mal levantadas ni un centro comercial por cada 100 habitantes. Aquí hay un señor castillo que amenaza a los horteras con su preciosa estampa. Su influencia se contagia desde lo más alto de Malahide hasta su playa, haciendo de este pueblo un ejemplo de urbanismo con buen gusto con casas que no desentonan y un puerto de lo más encantador y monumental.